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Querido SEÑOR SAN PEDRO : Hace tiempo que esperaba poder dedicarte este pequeño trabajo sobre nuestra querida parroquia de SAN PEDRO DA TORRE. Son muchos los recuerdos. El andar ruidoso de las “chancas” por las losas de la iglesia. Los reuniones en el atrio en donde se saludaba a los vecinos más apartados y se comentaban las últimas noticias: el ternero que parió la vaca “rubia”, la carta de algún familiar que estaba trabajando en Venezuela, Argentina, Brasil,.. y más tarde en Francia, Suiza, Alemania. ¡ Cómo si fuera ahí al lado ¡ Pero, de todas formas, a mí lo que más me impactaba eran los entierros. El “llorar” de las campanas por los difuntos y el toque, infinitamente más triste de las últimas campanadas con el féretro entrando en el atrio de la iglesia a hombros de los amigos y familiares del difunto. En ese camposanto descansan los restos mortales de amigos y familiares que son parte muy importante de mis vivencias. También recuerdo, Sr San Pedro, los momentos solemnes de “tu” procesión, la misa solemne con olor a incienso, el estreno de los trajes que se compraban para ese día en Rivadavia o Celanova y la fiesta que casi siempre se celebraba en Aldea de Souto al lado de aquel “carballo” tan grande. La víspera era la más divertida sobre todo por los “fuegos”, comprados al “fogueteiro” de Gomesende que una vez que explosionaban los chicos recogían sus restos como un auténtico trofeo. Se sacrificaba algún cordero y se encargaba la carne de vaca o ternera también sacrificadas en la aldea por el correspondiente carnicero. Se preparaba carne de muchas maneras, roscones, arroz dulce hecho con leche recién ordeñada, etc. Todo para la fiesta, tu fiesta, querido patrono. ¡Cuantos momentos tan entrañables que ahora parecen tan cercanos y a la vez lejanos.! Y qué me dices querido San Pedro de las charlas-coloquio del anochecer del verano y otoño. Había varios puntos de encuentro. El nuestro era en las piedras del Loureiro. Siempre había alguna historia que contar. Las más largas eran las del Sr. Manuel, hombre entrañable y bueno, que fue sacristán durante muchos años. Todo lo que contaba era tremendamente pormenorizado pero, pero a mí me encantaban todas aquellas historias contadas con tanto detalle y siempre un poco aderezadas con algún dato de su propia cosecha que yo creía al pie de la letra.
Dice la tradición oral que la ubicación de tu iglesia, querido San Pedro, fue señalizada por una yunta de bueyes que soltaron y allí fueron a parar. A mí, sinceramente, me parece un tanto difícil de creer pues el acceso, sobre todo de la parte norte ha sido rellenado artificialmente. De todas las maneras, sea cual sea el origen de la elección, el lugar es auténticamente un privilegio. El contemplar el contorno desde la explanada oeste es una gozada oyendo además el discurrir del río Gorgua en el fondo del paraje de la Carballeira. Bueno, Sr. San Pedro, qué más quieres que te cuente. Solamente te pido por toda esa gente que anda por esos mundos de Dios y que ha nacido en esa preciosa parroquia y que desean y añoran nuestra querida “terriña”. Cuídalos allí donde estén. Con tu permiso, querido Patrono, quisiera dedicarle este pequeño trabajo hecho con todo el cariño del mundo, a mis abuelos, a mis padres, a mi mujer, a mis hijos y nietos, a toda mi familia, amigos y a todos los vecinos de nuestra querida parroquia. Muchas gracias, querido San Pedro, por ser nuestro patrono y no te olvides de tener la llave del cielo bien “engrasada” para que nos facilites la entrada en el Cielo y poder allí, ya sin prisas, charlar de todas esas historias de nuestra querida parroquia.
Fdo. ODILO DOMINGUEZ ALVAREZ
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